lunes, 26 de mayo de 2014

Crocodile.


Cuánta belleza es capaz de dejarnos una cámara superrápida. Los únicos enemigos, el tiempo y la lentitud de nuestra vista. La solución, este tipo de cámaras dejándonos bellas figuras, tanto en fenómenos que ocurren a velocidad extraordinariamente rápida, como en situaciones que, aunque somos capaces de apreciarlas, inevitablemente ignoramos la poesía que describen en sus fugaces detalles. 
Para muestra un botón, este vídeo. Fijaos en el movimiento fuerte y a la vez liviano y elástico de sus cuerpos (segundo 20) o de las mandíbulas presas del hambre buscando en las alturas una fuente de alimento. Todo ello bajo la música constante y rítmica que decide acompañar también a períodos más pacíficos y mansos, donde gotas de agua se mantienen suspendidas en el aire, o donde los gestos de las personas nos hacen olvidar el tema del asunto: La belleza de una rapidez que, durante unos segundos, se olvida de su velocidad cotidiana.

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