Graciosa, divertida... pero nada nuevo.
La siete veces nominada a los Premios Goya "3 bodas de más" habla y narra -con entretenimiento, buen ambiente y ciertos picos de humor- de Ruth (Inma Cuesta), una joven e insegura investigadora que debe asistir a tres bodas consecutivas, nada más ni nada menos que de sus tres exnovios, acompañada siempre de su nuevo becario (Martín Rivas). En ellas, pasarán suficientes acontecimientos como para mantener al espectador pendiente de la "trama" y entre risas, o, en su defecto, con esa sensación de agrado que a tantos nos gusta y que te pertenece incluso después de escapar de la sala.
El éxito de esta comedia romántica es parte del reparto que ofrece (no todo, más adelante se concretará). No obstante, sobre todos los actores y actrices despunta una sensible y más que correcta Inma Cuesta, pues traslada al público su carácter más tierno y su titubeo frente a los hombres, como ya se apuntó, ante el fracaso de sus anteriores relaciones, y más aún, asume que la credibilidad de la cinta recaiga sobre ella y, omitiendo ciertos aspectos, logra que salga a flote.
Además, se cuenta con la participación de Quim Gutiérrez que realiza un trabajo aceptable adoptando el papel de un cirujano plástico que cautiva a Ruth y que se encuentra abrumado entre dos decisiones que le provocan, al no elegir y como en la vida misma, que el tiempo se ocupe de responder por él.
El problema de hacer una película bajo el género de "comedia romántica", es que ya no se hacen filmes que ofrezcan nada nuevo, que sorprendan y otorguen de movimiento a un guión estático y ya previsible. Por si fuese poco, a pesar de que actores como Paco León y Berto Romero regalen más de una carcajada, degradan, a mi juicio, una película aceptable. Fuera de la gran pantalla, son figuras que cuentan con una reputación y una imagen ya ganada, más que perfecta, por ejemplo, en el mundo de la televisión. Pero cuando se trata de cine, lo único que se consigue metiendo sus nombres en el reparto es empequeñecer, en cierto grado, el nivel de la cinta.
Para finalizar, resumir y evitar que se malinterprete algún aspecto anterior, señalar que nos encontramos frente a una película no necesaria, pero sí agradecida, con un papelón de Inma Cuesta y un trasfondo ameno y simpático que te hará olvidar tus problemas. Por ello es un antídoto contra la tristeza que no está de más para los tiempos que corren.
P.D: Me dejó encantado el hecho de oír sobre mi butaca canciones como "We belong", o "Everybody hurts". ¡El buen gusto musical que no falte!
★★★ (sobre 5)





