El gran Chaplin.
Cuesta creer que hace más de 80 años se hacían increíbles historias de amor, en los primeros pasos del cine, mucho mejores que las de ahora. Mejores por transmitir sentimientos sin palabras, solo con gestos y miradas. Mucho mejores por demostrar cuán grande es nuestra fuerza a la hora de alcanzar un sueño que realmente se desea y que la posibilidad de realizarlo es lo que hace la vida interesante.
Una historia tan increíble que nos enseña que aún queda gente brillante en el mundo y que la monotonía de nuestras vidas repugna y huele mal.
El gran Charles Chaplin no necesitó nada más que cuatro decorados, hacer una espectacular actuación (su cara a través del cristal viendo a su amada supuso una verdadera lección transmitiendo emociones) y una música sencilla pero que inunda el alma.
Para mi, uno de los mejores dramas románticos que he visto, con un claro mensaje final:
A veces son los ojos quienes nos impiden ver.


