"Deja de soñar. Empieza a vivir."
Jamás, en la historia de su carrera, se nos ha presentado a Ben Stiller de la forma que nos plasma este film.
Para sorpresa de muchos, Stiller sugiere una película de gran impacto visual, un empujón a realizar las cosas que, en un primer momento, nos asustan, haciéndonos ver que estas acciones acaban brindando sonrisas o lágrimas, momentos buenos o malos, pero siempre, llenos de vida.
Ben interpreta a un tímido empleado llamado Walter Mitty, objetivo principal de burla para los grandes directivos. Éste imagina y fantasea en todo momento lo que le gustaría estar haciendo, manteniendo de esta forma dos vidas paralelas, una llena de acción donde vive, aspira y siente la vida en su totalidad, y otra mediocre representando la vida de muchas personas (nacen, crecen, se reproducen (algunos esta parte se la saltan), hacen su trabajo con una vida absolutamente monótona, mueren y ya).
En demasiados momentos la historia se pierde en las alucinaciones y fantasías de Mitty, presentando, lamentablemente, auténticas lagunas en su argumento. Además, Ben Stiller, hace una cinta demasiado perfecta, con situaciones imposibles y muy poco creíbles que, en ocasiones, echa abajo la magia que puede llegar a transmitir.
Sin embargo, la buena elección musical (pues presenta una banda sonora original y realmente atractiva) combinada con las fascinantes imágenes que se suceden enérgicamente, inoculan en los espectadores las insaciables ganas de viajar, de salir de la sala y empezar a vivir.
En resumidas cuentas, tristemente es floja y mejorable en algunos aspectos. No obstante lanza un mensaje demasiado fundamental para los tiempos que corren: "Carpe diem, tempus fugit."
