lunes, 26 de mayo de 2014

Crocodile.


Cuánta belleza es capaz de dejarnos una cámara superrápida. Los únicos enemigos, el tiempo y la lentitud de nuestra vista. La solución, este tipo de cámaras dejándonos bellas figuras, tanto en fenómenos que ocurren a velocidad extraordinariamente rápida, como en situaciones que, aunque somos capaces de apreciarlas, inevitablemente ignoramos la poesía que describen en sus fugaces detalles. 
Para muestra un botón, este vídeo. Fijaos en el movimiento fuerte y a la vez liviano y elástico de sus cuerpos (segundo 20) o de las mandíbulas presas del hambre buscando en las alturas una fuente de alimento. Todo ello bajo la música constante y rítmica que decide acompañar también a períodos más pacíficos y mansos, donde gotas de agua se mantienen suspendidas en el aire, o donde los gestos de las personas nos hacen olvidar el tema del asunto: La belleza de una rapidez que, durante unos segundos, se olvida de su velocidad cotidiana.

domingo, 18 de mayo de 2014

Hamster.

Me siento sobre el escritorio y le observo. Recapacito, y tras un breve tiempo comienzo a sentir lástima por él. Ese pobre roedor, a parte de estar entre unos barrotes, jamás sabrá dónde ha estado, ni si quiera es consciente de que ha formado parte de este mundo que constantemente nos brinda con grandes momentos.
Y es que, por mucha lástima que sienta por él, ese diminuto animal nunca podrá sentir el tacto de una suave melodía, como la que ahora se pasea por mis oídos regalándome esta sensación de profundo bienestar. Nunca disfrutará de los olores, solo sabrá que están ahí, pero no podrá sacarles provecho. Nunca sabrá lo que es que te partan el corazón, ni disfrutará del beso por el que tanto tiempo peleaste. Nunca recordará una bella puesta de sol ni la sensación del viento golpeándote la cara mientras corres, libertad dentro de una sociedad colapsada. 
Jamás disfrutará de una ducha tras un día agotador, ni podrá mirar alrededor y ver gente a la que quiera y que le quiera, con la que escapará de situaciones embarazosas y compartirá los mejores momentos de su día a día. No sabrá lo que se siente una mañana tranquila, con el único despertador que unos rayos de sol o el cantar de los pájaros. 
En su corta vida comprobará lo que reconfortan los abrazos de un hermano, la sonrisa de una madre y la palmada de un padre. No sabrá en qué se basa una amistad de verdad, pero tampoco verá cómo alguien se te escapa sin poder evitarlo. Nunca sabrá del éxito, de la superación o de acabar un proyecto empezado. 
Dejará este mundo sin haber volado, sin haber buceado bajo el agua, sin lanzarse al vacío por un tobogán o sin degustar una buena tostada de Nutella.

Pobrecillo, nunca se acostará escuchando la lluvia golpeando el cristal, ni encontrará dinero en un pantalón viejo. Tampoco dejará volar las mariposas que despegan tras el primer beso, ni sabrá lo que es hacer feliz a las personas que quieres. Nunca dejará su imaginación en manos de una buena película, ni sabrá de la verdadera felicidad de un helado en verano.

Y, a pesar de todo, ahí sigue, moviendo el hocico como si fuese a encontrar algo importante, trascendente. Quién sabe, quizás solo esté buscando todo aquello que nosotros dejamos escapar cada día, cegados por las prisas, el agobio y una sociedad que procura hacerte olvidar todo lo que arriba se expone.
Buenas noches.


lunes, 5 de mayo de 2014

Sobran las palabras.



Esas sonrisas, esas miradas alegres... Cuando veo cosas así no puedo evitar pensar en perderme por aquellos lugares, viajar hasta allí y quedarme con ellos, en parte debido a innumerables motivos que la sociedad actual no sabe apreciar. 
No conozco sus costumbres ni su forma de vida, pero es evidente que necesitan mucho menos que nosotros para ser felices, disfrutan de cualquier cosa por pequeña que sea, y conocen mejor que nadie los sentimientos y emociones que nos distinguen de las máquinas actuales, a las cuales, cada vez -a pasos agigantados- nos parecemos más.

Escribo esto porque una -entre muchísimas- de las cosas que dejamos escapar en nuestro día a día, es tener la oportunidad de que alguien nos enseñe realidades de un mundo al que acabamos de aterrizar, de un mundo que continuamente sufre cambios y que en parte podemos modificar. Y nosotros en nuestro "primer mundo", obviamos esa oportunidad, mientras ellos caminan terribles distancias para poder disfrutar de tal privilegio. La verdadera satisfacción de un profesor seguro que se encuentra allí, entre esas paredes de madera a medio construir, con el mero material de trabajo que una imaginación que desea ser excitada y puesta a prueba.

En un principio se puede pensar que ellos van más atrasados, que se perdieron nuestros avances y se quedaron atrás, entre unas cabañas de madera perdidas en medio de la sabana. Pero deteniéndonos al menos un segundo, empezamos a entender que, a pesar de sufrir hambre, guerras y las terribles enfermedades, ellos han encontrado el mejor antídoto de todos: La felicidad. Una felicidad que hoy en día escasea y que la gran mayoría evita inconscientemente desde que sale el sol hasta que se pone. Ellos son capaces de exprimir la vida,  de aprovechar el tiempo y explotar los bellos detalles que la naturaleza nos ofrece; y todo mientras nosotros buscamos problemas donde no los hay, mientras creamos necesidades innecesarias, mientras corremos tras un futuro que nunca llega.

Que nos contagien un poco de su humilde alegría, que a pesar de sus inhumanas situaciones, nos enseñan cada día a nosotros, sus alumnos, que vida hay solo una, y que nunca está de más saber aprovecharla.

Raúl.

domingo, 4 de mayo de 2014

Barton Fink

Para ser sincero, nunca, que yo sepa, había visto una película donde se dejara ver cualquiera de los dos protagonistas que conforman y dan vida a esta película: John Turturro y John Goodman.

La trama de la historia discurre por los años 40. Barton Fink (John Tuturro), un escritor de teatro que se encuentra en el punto más álgido de su carrera, empieza a ser reconocido mundialmente y viaja a Hollywood para iniciarse como guionista en los dominios del cine. Así, comienza una nueva etapa otorgando de cimientos a una película sobre el luchador Wallace Berry. Una vez asentado en el hotel Earle, el protagonista pierde la concentración, cayendo en un estado de desmoralización y de fobia a un fracaso prematuro. Es entonces cuando su vecino de habitación (John Goodman), tratará de ayudarle.

Personalmente, creo que "Barton Fink" no es para todos los públicos, pues se trata de una película inquietante, complicada y densa, que suscita al espectador a pensar más de la cuenta. Hasta la primera mitad el filme solo busca presentar la situación dando las primeras pinceladas de un ambiente lúgubre y gris. Por ello, la verdadera trama no dará sus primeros pasos hasta pasada esa mitad, donde la cinta presentará un creschendo de situaciones inesperadas, sombrías y ciertamente desconcertantes que encaminarán a los presentes hacia un final realmente bueno y más confuso aún.


"Los Coen" hacen gala una vez más de personajes, cuanto menos, curiosos y extravagantes, que elevarán a la máxima potencia el sarcasmo y la crítica hacia instituciones como Capital Pictures, la hipocresía de la fama o el militarismo. Además, de una forma menos enrevesada, explica y acusa la mediocridad, no solo de las personas de a pie, si no de la humanidad en general. En definitiva se trata de una crítica contra la sociedad y la falsedad y jerarquía de la misma.
Por otra parte, utilizarán elementos como símbolos de la personalidad de los intérpretes, como el fuego (la ira), la caída de los papeles que cubren la habitación (la desmoralización), la equivocación de los zapatos (ponerse en el lugar del otro) y muchos otros que se me escaparán.

Por último destacar la actuación de un John Goodman que hace sombra en numerosas escenas a John Turturro, quizás sea gracias a lo estrambótico de su personaje.
Además, añadir que obtuvo 3 nominaciones a los premios Óscar en 1991.

El veneno de una serpiente.

Biología.



En el vídeo que os traigo hoy, se observa con cierta claridad el efecto que produce la picadura de una serpiente de cascabel en la estructura y solubilidad de la sangre. Como puede apreciarse, la sangre rápidamente coagula, pasando de líquido a un estado gelatinoso que haría imposible su transporte a través de la red capilar de nuestro organismo.

Cada año en el mundo, más de 1 millón de personas son víctimas de mordeduras de serpientes y a parte de la coagulación sanguínea, otros componentes del veneno pueden afectar al sistema nervioso y provocar adormecimiento y debilidad muscular e, incluso, dificultar la respiración. 
Dolor intenso en la zona afectada, necrosis, parálisis y problemas en la visión son otros de los efectos que pueden notar las víctimas de una serpiente, además de sarpullidos o naúseas. 

Para los expertos, una de las cosas más importantes es tomar las medidas adecuadas para disminuir el riesgo de picaduras de serpientes. Antes de ir a un área de montaña, los autores de este trabajo recomiendan "sacar toda la información sobre la presencia de serpientes en la zona y los tipos". Además aconsejan, si es posible, "llevar fotografías a color de las serpientes, lo que facilitará las labores de rescate posteriores en caso de que alguien sea mordido".
Las medidas de prevención también deben incluir ropa holgada y gruesa, botas altas y calcetines gordos, que pueden dificultar la mordedura a las serpientes.

[foto de la noticia]